Día tras día en el parque Santa Clara el trabajo no se detiene. Las horas pasan y para Mercedes Morales, vendedora de tarjetas Zona Azul en las calles Veintimilla y 10 de Agosto, casi todos los días son iguales, no hay mayor variación de acontecimientos durante toda su jornada.
Pero este día no es así. Este miércoles, muy temprano cuando Mercedes llegó a su puesto de trabajo se encontró con la calle completamente cercada por policías y carros con vidrios ahumados, enseguida se acerco a ver quién estaba en medio de un círculo de personas vestidas de terno y con gafas negras. Su sorpresa fue mayor cuando se enteró que quien se encontraba en ese lugar era el Presidente de la República, Rafael Correa.
Ella pudo acercarse y estrecharle la mano, al tiempo que le felicitaba por lo que hacía como presidente y también lo bendecía. Este hecho fue la causa de la gran sonrisa en el rostro de Mercedes durante todo el día, ya que no podía creer que por fin haya podido conocer al Presidente, gracias a que éste había ido a visitar a un familiar internado en la clínica Nova, ubicada exactamente en la calle en la que trabaja.
Una vez que el Presidente se marchó y con él todo el alboroto, su trabajo no cambio, cómo todos los días tuvo que ponerse su chaleco azul que la distingue como vendedora de Zona Azul, además de un sombrero del mismo color para protegerse del sol o si es el caso de la lluvia.
Esta vez es un día totalmente caluroso, típico de días de verano. Para protegerse del sol Mercedes suele ubicarse bajo uno de los árboles del parque y sentarse en un banco pequeño que lleva desde su casa. En las ramas del árbol también amarra una mochila color rosa en la que tiene algunos de sus materiales, como tarjetines o esferos.
Son en total 24 los años en que ella ha trabajado en este lugar. Mucha gente por la zona ya la conoce, aunque se dice que esta parte de la ciudad es peligrosa, Mercedes prefiere mantener distancia con ese tipo de personas. Cuenta que antes que regeneren el parque había más delincuencia, pero que ahora es mucho más tranquilo. Sin embargo lleva en su cintura, un canguro negro en el que guarda un puñal y un espray de gas pimienta, que asegura, es para cuidar los carros, porque los ladrones acostumbran a romper las ventanas de los vehículos y llevarse las cosas, mientras está distraída.
Aunque en su vestimenta de trabajadora de zona azul no faltan los logos del Municipio, Mercedes no tiene ninguna relación laboral con el cabildo. Dice que la mayoría de trabajadores son independientes, que por cada tarjeta que venden a 0,40 centavos, su ganancia es de 0,20 y que el Municipio cobra ese dinero por medio de la compra que tienen que hacer de los paquetes de tarjetas que cuestan 10 dólares cada uno.
Si se le pregunta a Mercedes si es feliz de tener este trabajo, ella responde que sí, y recuerda cómo llego a esta actividad, pues antes trabajaba vendiendo quesos en el mercado de Santa Clara, a veces vendía bien y otras no tanto. Un amigo suyo que es policía metropolitano le informó que el señor que cuidaba carros en esta calle había fallecido y que el puesto estaba vacante, ella un poco dudosa acudió, y desde entonces ha permanecido en el lugar. Al inicio su trabajo lo realizaba junto con su marido, él murió y Mercedes se volvió a casar para tener un acompañante que lamentablemente, afirma, le salió con “mamitis” y ahora vive en Santo Domingo con su familia.
Santo Domingo es el lugar de donde es oriunda Mercedes, ahí vivió toda su niñez y juventud hasta que una de sus hijas tuvo problemas de salud, por lo que se vio obligada a venir a vivir a Quito. Cinco son en total sus hijos, y de todos se siente orgullosa, afirma que logro sacarlos adelante sola y trabajando sin la necesidad de tener a alguien a su lado.
Mientras Mercedes cuenta cómo ha sido su vida hasta el momento de repente se logra escuchar a lo lejos –Hey!!! Señora venga a vender las tarjetas. Era un señor de avanzada edad, con una postura encorvada su cabello totalmente canoso, vistiendo una camisa blanca, pantalón y zapatos cafés, en un carro del mismo color, pequeño y elegante. Mercedes no tiene otra opción que salir corriendo al otro extremo de la calle para atenderlo, pero cuando se aproxima este señor no deja de gritarla en forma agresiva. - Señora por qué no se apura, debe de estar atenta. Aquí esperándole, ahí conversando, de ponerse a trabajar, luego se quejan que no tienen dinero.
La personalidad de Mercedes es tranquila, acostumbra muy educadamente saludar a sus clientes, peor cuando comienzan a gritarle o agredirle verbalmente como en este caso ella les responde – Yo no soy drogada, yo no soy borracha, yo trabajo para mantener a mis hijos, así que con su grosería vaya a otra parte. Para Mercedes no hay otra opción que venderle la tarjeta y alejarse lo más pronto posible.
Entre historias, ventas y disgustos ya han transcurrido 10 horas de trabajo, son casi las 17:30, Mercedes coge sus cosas y se retira a su casa en el sur de Quito para descansar y regresar al día siguiente a una nueva jornada de trabajo.


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